(Lectura breve de una imagen de campaña)
Son muchos los significados que se le atribuyen a la sonrisa, algunos le atribuyen poderes, una sonrisa puede ser un signo de puntuación, un dibujo simple, un gesto familiar sobre todo; eso que nos hace conocido al desconocido. Las hay también mordaces, sarcásticas, falsas y sobre todo feroces.
Por supuesto que personalmente prefiera a la gente que sonríe cuando es debido, y desconfío de quien sonríe constantemente, quizá por un ánimo un poco negativo de mi parte, o porque siento que algo anda mal si tanto sonríe.
El Padre del Estado sanjuanino no sonríe, y si lo hace lo hace a medias, de costado, escondiendo el gesto pleno. En cambio, los spots de propaganda muestran sujetos de sonrisas plenas, satisfechos de la labor; se podría decir que su sonrisa es de regocijo, confianza y que tienen motivo para ejercerla, por eso lo hacen todo el tiempo. El Padre no sonríe, porque debe mostrarse concentrado, no tiene tiempo para sonreír plenamente, su labor es seria y no se permite el “descanso” la risa; para eso, para el disfrute, el gozo, está el pueblo, el que aparece en los spots, la sonrisa es el agradecimiento más grande. Si notan bien hasta los gestos aparecen medidos en esta imagen de campaña, las antes demasiado efusivas manos, hoy están algo más quietas. Son manos que prefiguran un espacio importante en la imagen, manos medidas, pero con la misma fuerza que antes ¿Es esta una fuerza que nos da confianza? ¿O es la fuerza del cachetón al enemigo del modelo? ¿O son las aspas del molino que mueven la máquina política, con sus miles de émbolos, engranajes y cuerdas?
He aquí donde llega esa formula de proximidad que reclama en cartas (hoy llegaron a los hogares sanjuaninos), mensajes de textos, spots y llamadas a los teléfonos, que hace una advocación a la amistad; “querido amigo” dice el mensaje de voz, y amablemente se nos pide seguir confiando, apoyando y sobre todo no traicionar, y esa amabilidad es feroz. Puesto que quienes decidan apartarse del camino harán caer a toda una provincia en desgracia, retrasarán el progreso, detendrán el futuro (aunque Joe Strummer resuene con su “el futuro no está escrito”) y sobre todo, traicionarán al padre. Un padre juicioso y severo, que no perdonará falta, no habrá vuelta al rebaño (a menos que sufra pública humillación y pague por sus errores). Este padre que no duda al aplicar las medidas necesarias, y si se lo inquiere hace uso de su tozudez, de su convicción que debe ser una convicción universal, y eso ya es un régimen.
Quien aspira a patriarca debe saber aceptar que tarde o temprano alguno de sus hijos dilectos, o de los otros, cometerá parricidio, se rebelará, faltara a la ley paterna primero en forma silenciosa, después en queja y no parará hasta el máximo impulso necesario, la violencia a veces, la rebeldía siempre.
Conozco a mi padre, el sabe sonreír, y deja que vea su sonrisa, que a veces puede mostrarlo inseguro; pero me da confianza. No hace falta que me demande una amistad que puede o no venir, el sabe bien de su tiempo. El padre sabe de la vida y del fin de ésta. El padre sabe que sus hijos deben sufrir, y más allá de las parábolas sabrá aceptar los errores de los hijos, aceptarlos como se aceptan las nuevas ideas, los nuevos caminos, lo distinto y lo diverso. El buen padre jamás censurara balbuceo alguno, o palabra insolente; el buen padre confiará en el juicio del hijo.
Salgo a la calle y hago, justo hoy, una estadística mental y breve de las sonrisas, de los gestos. Hay pocas, hay varias. La gente va ocupada en otras cosas, es lógico, la calle nos desarma la simpatía y la confianza. Sólo espero que al llegar tendrán un gesto pleno, sincero, sin medidas, sin juicios, sin pretensiones para con el hijo. El hijo que se revelara padre, y sabrá aceptar la duración de la vida y plazo de la muerte; y ante esta terror nunca, rebeldía siempre.
Son muchos los significados que se le atribuyen a la sonrisa, algunos le atribuyen poderes, una sonrisa puede ser un signo de puntuación, un dibujo simple, un gesto familiar sobre todo; eso que nos hace conocido al desconocido. Las hay también mordaces, sarcásticas, falsas y sobre todo feroces.
Por supuesto que personalmente prefiera a la gente que sonríe cuando es debido, y desconfío de quien sonríe constantemente, quizá por un ánimo un poco negativo de mi parte, o porque siento que algo anda mal si tanto sonríe.
El Padre del Estado sanjuanino no sonríe, y si lo hace lo hace a medias, de costado, escondiendo el gesto pleno. En cambio, los spots de propaganda muestran sujetos de sonrisas plenas, satisfechos de la labor; se podría decir que su sonrisa es de regocijo, confianza y que tienen motivo para ejercerla, por eso lo hacen todo el tiempo. El Padre no sonríe, porque debe mostrarse concentrado, no tiene tiempo para sonreír plenamente, su labor es seria y no se permite el “descanso” la risa; para eso, para el disfrute, el gozo, está el pueblo, el que aparece en los spots, la sonrisa es el agradecimiento más grande. Si notan bien hasta los gestos aparecen medidos en esta imagen de campaña, las antes demasiado efusivas manos, hoy están algo más quietas. Son manos que prefiguran un espacio importante en la imagen, manos medidas, pero con la misma fuerza que antes ¿Es esta una fuerza que nos da confianza? ¿O es la fuerza del cachetón al enemigo del modelo? ¿O son las aspas del molino que mueven la máquina política, con sus miles de émbolos, engranajes y cuerdas?
He aquí donde llega esa formula de proximidad que reclama en cartas (hoy llegaron a los hogares sanjuaninos), mensajes de textos, spots y llamadas a los teléfonos, que hace una advocación a la amistad; “querido amigo” dice el mensaje de voz, y amablemente se nos pide seguir confiando, apoyando y sobre todo no traicionar, y esa amabilidad es feroz. Puesto que quienes decidan apartarse del camino harán caer a toda una provincia en desgracia, retrasarán el progreso, detendrán el futuro (aunque Joe Strummer resuene con su “el futuro no está escrito”) y sobre todo, traicionarán al padre. Un padre juicioso y severo, que no perdonará falta, no habrá vuelta al rebaño (a menos que sufra pública humillación y pague por sus errores). Este padre que no duda al aplicar las medidas necesarias, y si se lo inquiere hace uso de su tozudez, de su convicción que debe ser una convicción universal, y eso ya es un régimen.
Quien aspira a patriarca debe saber aceptar que tarde o temprano alguno de sus hijos dilectos, o de los otros, cometerá parricidio, se rebelará, faltara a la ley paterna primero en forma silenciosa, después en queja y no parará hasta el máximo impulso necesario, la violencia a veces, la rebeldía siempre.
Conozco a mi padre, el sabe sonreír, y deja que vea su sonrisa, que a veces puede mostrarlo inseguro; pero me da confianza. No hace falta que me demande una amistad que puede o no venir, el sabe bien de su tiempo. El padre sabe de la vida y del fin de ésta. El padre sabe que sus hijos deben sufrir, y más allá de las parábolas sabrá aceptar los errores de los hijos, aceptarlos como se aceptan las nuevas ideas, los nuevos caminos, lo distinto y lo diverso. El buen padre jamás censurara balbuceo alguno, o palabra insolente; el buen padre confiará en el juicio del hijo.
Salgo a la calle y hago, justo hoy, una estadística mental y breve de las sonrisas, de los gestos. Hay pocas, hay varias. La gente va ocupada en otras cosas, es lógico, la calle nos desarma la simpatía y la confianza. Sólo espero que al llegar tendrán un gesto pleno, sincero, sin medidas, sin juicios, sin pretensiones para con el hijo. El hijo que se revelara padre, y sabrá aceptar la duración de la vida y plazo de la muerte; y ante esta terror nunca, rebeldía siempre.











.jpg)







0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada